Una tarde en Europa debe parecerse a la mía. Sin problemas aparentes, las cosas con puntualidad, gente educada y con saber… Muy civilizado todo.

Europa debe ser ese lugar sin sombras, donde la gente habla de todo, habla porque sabe, y si no sabe pregunta para poder hablar. Hablan sin tapujos, ni miedo. Porque allí no hay sombras de represión ni censura. Allí la gente debe de hablar de cosas importantes, allí no creo que el libro de “La Princesa del Pueblo”, que no sabe ni escribir correctamente en su Twitter, sea el más vendido. Allí la gente habla de cosas importantes. Cosas que transcienden de cómo te ha podido ir el día a cómo va el mundo. Porque al fin y al cabo, todos somos parte de él. Aunque aquí se siga hablando de la época en la que el mundo era nuestro mientras cada día pintamos menos por no ver mas allá de donde acaban los zapatos.

“No ser de izquierdas ni derechas es ser gilipollas” es una frase que se lee mucho últimamente. Es una manera de señalar a aquellos que votan porque el anterior no lo ha hecho bien, o porque así se ha votado siempre en la familia, o porque te gusta más el color azul que el rojo o al revés. Es algo propio de un país en el cual existió un sistema bipartidista durante la restauración; mientras en los países vecinos ya se cortaban cabezas.
Se puede culpar a quien se quiera, porque en verdad somos nosotros todos culpables por la misma parte. No hay sed de cambio aquí, el conformismo burgués y la vagancia hace tiempo que se apoderaron de nuestra sociedad, y el miedo a tener que luchar contra tu hermano en otra guerra sigue sobrevolando el territorio como la niebla todas las mañanas. Da igual que el vecino se muera de hambre, da igual que tu mujer se quede sin empleo y no puedas solo, con la bajada de salario que te ha impuesto tu empresa mantener a tus dos hijos. Vale más lo de puertas para afuera. Es más importante llevar un BMW aun en la reserva a trabajar que ir en autobús, porque el transporte público es para pobres. Cada hogar se transforma en una pequeña representación de La casa de Bernarda Alba. Porque al fin y al cabo, así es este país. Todo fachada. Todo marca España.
Todo sea por atraer guiris a las playas de los mares del sudeste. Todo sea por parecerse al alcalde del pueblo, alcalde, que sin que te enteres te sigue sangrando, apoyado en el caciquismo que tú mismo permites que siga rigiendo en tu casa, en tu cartera y en tu plato todas las comidas.
Pero criticar es fácil. Lo difícil es dar soluciones, y aquí va la mía:
Lee.
Si has llegado hasta aquí pensaras que para qué leer cuando todo son malas noticias, nada se arregla y solo te llaman imbécil a la cara en cada artículo o noticia. Pues muy fácil. Para cambiar eso. Al leer, al culturizarse es el único momento en el que uno puede ser rojo y azul, es más, debe serlo. Hay que nutrir la sociedad de ambos hemisferios, para que coja lo mejor, y sea critico con lo peor de cada uno, y así luego tenga la capacidad, y como no, la fuerza de poder quejarse y exigir lo que uno quiere. No hay otro modo. Pero hay que hacerlo, y como ya he dicho, no eres mas que un vago e imbécil conformista.

Porque Spain is not diferent, Spain is worse.